martes, 1 de marzo de 2016

Como desapegarse
¿Qué tan apegado está usted a las cosas? ¿Por qué ese apego? ¿Qué le ha originado el apego? ¿Cómo relaciona el apego con su comportamiento? ¿Qué relación hay entre el apego y el sufrimiento? ¿Qué está haciendo para liberarse del apego?, son algunas preguntas que ya te habrás hecho y tienes las respuesta a tu alcance.
El apego es un tema sumamente significativo en todo crecimiento personal por los efectos que origina, sus impedimentos, dependencia, de ahí que consideramos muy importante el conocimiento primordial de que sólo nosotros podemos hacernos felices y todos los momentos presentes lo son porque tu estás en ellos. Y hoy, en el eterno presente, en el aquí y el ahora, tú serás feliz aunque hoy te acompañe esto o lo otro. Y podrás ir pasando de un momento a otro en la vida disfrutándolos plenamente, sin llevar cargas emocionales del pasado. Y como los lirios del campo y los pájaros del cielo estarás libre de preocupaciones vanas viviendo siempre el Eterno presente.
Se nos pregunta, ¿De dónde llegó su apego? Brotó de una mentira que llega desde tu cultura, tu sociedad, o desde tu mismo, o sea de tu programación. Simplemente observa: miles de personas viven sin eso que supone dueño de su felicidad; y si revisas tu pasado encontrarás algo que en un momento dado supuso insustituible, y que el tiempo demostró que no era así. Hoy ya ni lo recuerda. ¡Mira que pequeñas eran!. El cambio se produce únicamente cuando se une el conocimiento a la compresión; pues son las columnas de la Sabiduría.
No nos debe sorprender por tanto, que se comente, que la Nueva Era requiera nuevos hombres. Y el Nuevo Hombre surge del reencuentro consigo mismo, con la chispa divina que todos albergamos. Surge al rellenar el abismo que lo separa de la Realidad. Surge por la fuerza apelativa del Amor. Surge por el esfuerzo reintegrativo en lo Uno, surge cuando se ha sorprendido inatento, apegado a las cosas perecederas, a todo aquello que le impide crecer, ser libre, usas su libre albedrío.
Hoy más que nunca que estamos dentro del escenario en donde el materialismo se manifiesta con muchas amenazas en contra del crecimiento espiritual, anclando a muchos en sus cárceles, aprisionándolo, destruyéndolo en todo aquello que le permita alimentar su espíritu, que lo conlleve a sentirse libre de los apegos, es necesario sorprendernos que inatentos hemos estado en relación al apego.
El apego es un estado emocional de vinculación compulsiva a una cosa o persona determinada, originado por la creencia de que sin esa cosa o persona, no es posible ser feliz. Por tanto, no nos debe sorprender que tu mente diga: No puedo ser feliz si no tengo tal o cual cosa, o si tal persona no está conmigo. No puedes ser feliz si tal persona no le ama. No puedes ser feliz si no tienes un trabajo seguro. No puedes ser feliz si no le das seguridad a tu futuro. No puedes ser feliz si estás solo. No puedes ser feliz si no tienes un cuerpo a la moda. No puedes ser feliz si los otros actúan así. Y más cuando tu mente señala que ‘No puedes ser feliz si, su mente está programada para demostrarte constantemente (si no es por una cosa por otra) que no puedes ser feliz’ ¡Todo esto es falso No hay un solo momento en tu vida en que non tengas cuanto necesitas para... Encontrarte bien contigo mismo. Todas las cosas a las que te apegas y sin las que estas convencido que no puedes ser feliz, son simplemente tus motivos de angustias. Lo que te hace feliz no es la situación que te rodea, sino los pensamientos que hay en tu mente.
De aquí entonces, que el apego es un estado emocional que tiene dos puntas, una positiva y otra negativa. La positiva es un estado de placer y la emoción que sientes cuando logras aquello a que estás apegado. La negativa es la sensación de amenaza y la tensión que lo acompañan, lo que te hace vulnerable al desorden emocional y amenaza constantemente con hacer daño a tu paz interior.
Si no se consigue el objeto del apego, origina infelicidad, y si se lo consigue solo produce un instante de placer seguido de la preocupación y el temor de perderlo. ¿Podemos ganar la batalla contra los apegos? Desde luego que sí, renunciando a ellos. Cambiando de programación.
El amor solo puede existir en libertad. Elige entre al apego y la felicidad. Lo que necesitas no es renunciar sino comprender, tomar conciencia. Si tus apegos te han ocasionado sufrimiento, esa es una gran ayuda para comprender, y si alguna vez experimentaste el sentimiento de libertad te será útil recordarlo. Borra en ti el ¡que feliz me haces! Y el ¡esto me hace feliz!
En la medida que te sorprendas apegado, condicionado a algo y que no, puedes liberarte de ello, debes empezar a liberarte de esa atadura para no darle cabida al sufrimiento que es muy penoso y origina el empobrecimiento del alma.
Si consideras que algo o alguien es indispensable para tu felicidad, tienes un grave problema: estás a la sombra de un amo. Y no me refiero al aire que respiras, la comida que te alimenta o el sueño que te repone, sino a muchas necesidades de las cuales podrías prescindir sin que tu supervivencia emocional y psicológica se viera afectada de alguna manera. No importa la fuente del apego, llámese fama, poder, belleza, autoridad, aprobación social, internet, juego, moda o pareja, la adicción psicológica hará que tu existencia sea cada día más insalubre: te arrodillarás ante ella, le rendirás pleitesía y vivirá en el filo de la navaja por miedo a perderla. Establecer una relación dependiente significa entregar el alma a cambio de obtener placer, seguridad o un dudoso sentido de autorrealización.
“El apego es la incapacidad de renunciar a un deseo, aún cuando sabes que debes hacerlo porque tu salud mental o tu bienestar se ven perjudicados”

El apego es un vínculo obsesivo que podemos establecer con un objeto, una persona o una idea. Cuando consideras que algo es imprescindible, que no vas a ser capaz de renunciar a ello, estás apegado. Se define, por tanto, como la incapacidad de renunciar a un deseo, aún cuando sabes que debes hacerlo porque tu salud mental o tu bienestar se ven perjudicados. Ese apego dependerá de la personalidad y de otros factores, como la educación y el sexo: la mujer es cinco veces más propensa a depender emocionalmente, especialmente del amor, por ejemplo. En cambio, los hombres son diez veces más susceptibles a apegarse a la sexualidad.
En general, cuando te pega, cuando estás ya enganchado a las cosas materiales o a las cosas emocionales, las dos son igualmente fuertes. Es muy difícil saber si te va a doler más desprenderte del yate al que estás apegado, o que te quiten un amigo. Aparentemente, debería molestar más el amigo, pero la fuerza del apego funciona exactamente igual en ambos casos.

TIPOS DE APEGO
APEGO A LA PAREJA Cuando la otra persona te empieza a hacer demasiada falta. Necesitas hablar con ella constantemente, empiezas a sentir un deseo insaciable de estar con ella y pierdes el autocontrol. El impulso te empuja a que la llames, que la busques, empiezas a sentirte mal, no sientes que la vida no tiene el mismo sentido sin ella, que no puedes ser tan feliz. Te sientes desprotegido, solo… Cuando alguien cumple todas estas características, se convierte en una persona dependiente. “No puedo ser feliz sin ti. Me siento inseguro sin ti. Sólo tú le das sentido a mi vida”: estas tres frases juntas son mortales.


APEGO AL TRABAJO La gente que es adicta al trabajo trabaja 14 o 16 horas diarias y cree que su vida profesional es lo más importante, por encima de su familia o amigos. Se produce entonces una absorción total y obsesiva y la persona deja de desarrollarse en otras áreas. Son características propias de lo que en terapia cognitiva llamamos “personalidad de tipo A”: personas competitivas, que viven por y para trabajar, que sufren cuando tienen que descansar porque piensan que no están produciendo. Detrás de la adicción al trabajo también puede estar la necesidad de aprobación dentro de la empresa, la búsqueda del poder, de prestigio, de una mejor posición social o un apego al dinero. Se trata de una adicción muy fuerte que, además, cuenta con la connivencia social, porque el trabajo se considera un valor positivo.

APEGO A LOS HIJOS La sobreprotección siempre genera mucha ansiedad en quien la ejerce. Si yo soy un padre sobreprotector voy a sufrir mucho porque necesito tener la certeza –lo cual ya es apego– de que a mi hijo no le va a pasar nada. Esa certeza no la tendremos nunca. Con el apego a este pensamiento sometemos al niño a una serie de normas de protección y vigilancia que le afectan enormemente. Un niño con padres sobreprotectores será un niño ansioso, con baja autoeficacia y que probablemente desarrolle estilos de apego fuertes cuando crezca. En la educación, es necesario marcar a los niños cuáles son los límites sin sentirse culpable. Más que soltar al niño, somos los padres los que debemos liberarnos del miedo y de la culpa que muchas veces sentimos sobre ellos.
Cuando los hijos se hacen mayores y empiezan a “hacer su vida” y se independizan, muchas madres –especialmente las que no trabajan fuera de casa– sufren lo que se denomina ‘síndrome del nido vacío’ Cuando aparece este síndrome es porque ha habido una fuerte historia de apego de las madres con sus hijos. Muchas de ellas solo se realizan a través de los hijos, se definen a través de ellos. Es como si ellas no vivieran su propia vida y lo hicieran exclusivamente a través de la de sus hijos. Ese tipo de relaciones generan mucha dependencia: cuando se marchan sus hijos sufren mucho, algo parecido a una separación. En muchas ocasiones hay que tratar estos casos porque suelen generar una fuerte depresión. Pero no es un síntoma común a todas las madres. Algunas incluso saltan de alegría porque sus hijos se van de casa: “ya puedo pensar en mí, ya tengo mi espacio, mi tiempo. Ya puedo realizarme en muchas cosas que no podía anteriormente.” Ese es el pensamiento desapegado.

APEGO A LA TECNOLOGÍA Debemos empezar a preocuparnos cuando la misma gente que te rodea en casa te dice: “pasas demasiado tiempo en Internet”. A partir de cinco horas al día ya es demasiado. Sin embargo, si miramos a nuestro alrededor, mucha gente supera diariamente esa cifra. La dependencia a las nuevas tecnologías empieza a ser preocupante cuando la persona pierde el contacto con la realidad y no disfruta con ella. Los amigos y relaciones virtuales superan a las reales, la mayoría de sus actividades son a través de la red, prefiere estar conectado a salir a la calle.
Un síntoma muy claro es cuando se cae el servidor o estamos en un sitio sin red: el adicto a Internet no sabe qué hacer, está desorientado. Todo ello conduce a lo que se denomina ‘síndrome de espera’: todo debe ser en el momento, no somos capaces de esperar porque en Internet todo es inmediato, instantáneo. Se genera un apego muy fuerte a la velocidad, a la inmediatez.
Existen numerosos casos de jóvenes con ansiedad o fobia social que se apegan muy fácilmente a las nuevas tecnologías porque no tienen que enfrentarse a la gente cara a cara. A través del anonimato de la red pierden ese miedo social, al mismo tiempo que empeora su fobia a tratar con personas de carne y hueso. La conversación, la comunicación y dar ejemplo son los mejores consejos. Nunca prohibir, cuánto más lo hagamos, más tentador será para el adolescente conectarse.
Hoy en día Internet es imprescindible. Si eres adicto a una droga física el problema se ataja eliminando el deseo, la adicción. En el caso de Internet, una adicción sin droga, al paciente no le puedes decir “olvídate de Internet, no lo uses” porque está presente en nuestro día a día. Es como decirle a un fumador: “fuma, pero sólo un poquito. No dejes del todo el cigarrillo, puedes ser fumador social”. La adicción a las nuevas tecnologías se presenta, en este sentido como uno de los síndromes más difíciles para tratar en la actualidad

Aprender a despegarse
Aprender a desapegarse de un amor, del dinero, de la tiranía de belleza, de la adicción a internet o al trabajo es posible cuando entendemos que si uno considera que algo es imprescindible, que no se puede vivir sin eso o que lo es todo para vivir -sea cosa o idea- significa que está con el apego hasta el cuello. Por el contrario, si uno vive con un `no me importa, estoy dispuesto a la pérdida, te disfruto mientras te tengo, no tengo miedo a perderte y no me pierdo si no te tengo, está viviendo en el desapego.
Lo primero que hay que hacer es empezar por hacerse cargo de sí mismo, hay que tener un autogobierno.
Cuando decimos “yo necesito a mi pareja” es porque nos mueve una carencia: tienes un vacío y lo quieres llenar con otra persona porque ella es quien te ayuda a resolver los problemas, se convierte en funcional para tus déficits. La pareja funciona entonces en cierto sentido como un terapeuta. Debemos entender una diferencia: no es lo mismo necesitar que preferir. Preferir es elegir; ese es el primer paso importante: entender que no todo en el amor es sentimiento, que también están presentes en el amor la elección y la voluntad. Lo primero que hay que hacer es empezar por hacerse cargo de sí mismo, hay que tener un autogobierno. Es bueno empezar a salir solo, a tener amigos propios, un espacio solo tuyo. “Ya no te necesito, te prefiero. Estar contigo está bien pero esto no va a hacer que yo pierda la capacidad para disfrutar la vida y del mundo como me dé la gana” es un buen pensamiento. Esto conlleva, “si me hicieras falta, me dolería. Pero puedo salir adelante igual”.
Lo más importante es tener en cuenta cuáles son tus propios principios. Aprender a indignarse cuando alguien o algo los viola. Esos principios y valores propios no son negociables. Una vez que tienes claro cuáles son esos valores fundamentales, vas a actuar de modo coherente hacia ellos. El pensamiento es: “no voy a negociar con mis principios: voy a ser digno”. Eso o esa persona no va bien conmigo, va en contra de mis principios”. . Ahí es cuando empiezas a hacerte cargo de ti mismo.

Ahora bien la mayoría de las personas no está consciente de sus apegos y si los reconoce, muchas veces suele decir: Me gustan mis apegos.
Así que tengo que hay que encontrar una manera de ser selectivo sobre las cosas de las cuales desapegarme. Por lo menos al inicio. Por lo menos al principio.
Cuando intentamos desapegarnos de todo de una sola vez nos ponemos en un lugar muy malo, ya que resultaría abrumador el sentimiento de pérdida.

Así que hay que empezar con una lista de todas las cosas a las que estoy apegado y decidir de qué quiero desapegarme primero. Lo mejor es empezar a desapegarse de todo el drama que le doy a mi vida, de todos los pensamientos falsos sobre la vida y cómo es, y sobre todo, de la necesidad de permanecer oculto. Hay que desapegarse de la historia prefabricada de quienes somos, de que queremos,
Dicho de otra manera, hay que ser totalmente transparente. Se trata de completa visibilidad. Se trata de vivir en integridad.  Desapegarse significa poder revelar mi Yo Verdadero al “yo” que soy Yo, por fin empezar a vivir con autenticidad.




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